
La idoneidad de una educación musical en la etapa de iniciación
22 de Febrero 2021Según una gran cantidad de estudios de neurociencia el ambiente y el aprendizaje cobran una gran importancia para el desarrollo de nuevas conexiones y circuitos cerebrales en niños/se de 3 a 8 años. Si a estos datos añadimos el cambio social que vivimos podemos hablar de la idoneidad de una educación musical para las edades tempranas.
Asistimos a una vertiginosa transformación tecnológica y a un cambio de paradigma educativo que nos hace replantearnos las estrategias de enseñanza y los objetivos de aprendizaje. Hablamos de globalización del conocimiento, desarrollo competencial, metodologías activas y colaborativas, desarrollo de estrategias para aprender a aprender, fomento del pensamiento creativo o divergente, creación de escenarios de aprendizaje interactivo en el cual el alumno/a pasa a ser el protagonista de su proceso de enseñanza – aprendizaje, etc.
Ante este panorama, vemos la educación musical como una herramienta fundamental para el desarrollo cognitivo y emocional del niño/a. La música por un lado, ayuda a generar ambientes creativos y potenciar la creatividad y la imaginación. Y de la otra, los ayuda a modelar su forma de ser y comportarse.
La creatividad se plantea como una habilidad innata en el ser humano, a pesar de que precisa de un contexto adecuado, trabajo colaborativo, entrenamiento y esfuerzo para su desarrollo. El pensamiento creativo o divergente es la máxima expresión de la creatividad y permite generar soluciones nuevas y útiles, encontrar diferentes soluciones a determinados problemas, conseguir diferentes puntos de vista sobre una misma situación, ver en el error una oportunidad de aprendizaje. En otras palabras, formar un ser curioso, flexible, proactivo, original, versátil y creador.
Cuantiosos estudios sobre la creatividad nos aportan datos tan interesantes como que los pequeños/se son más creativos que los adultos (no están condicionados por sus vivencias). Que hasta los 5 años el 90% de los niños/se son muy creativos y este porcentaje va disminuyendo hasta llegar a un 2% en niños de 8 años. A través de una enseñanza grupal, activo y participativo facilitamos el aprendizaje y potenciamos las capacidades creativas (aprender, crear e inventar).
Si nos centramos en algunos de los estudios sobre el desarrollo y comportamiento del cerebro, observamos: que entre los 2 y los 4 años hay un «salto madurativo», el que significa que aumenta el potencial cognitivo. Que a los 3 años tiene lugar la máxima plasticidad del cerebro. Es el momento en que se producen nuevas conexiones y los
circuitos cerebrales son ilimitados. El que se convierte en el asentamiento de las bases de futuros aprendizajes. Por otro lado, entre los 4 y 5 años tiene lugar una «poda *sinàptica», que consiste en la destrucción de las sinapsis que no se utilizan y el fortalecimiento de las que sí. Este proceso está directamente influenciado por el ambiente y el aprendizaje.
Ante las nuevas exigencias de la sociedad actual, el cambio de visión educativa y los estudios neurológicos sobre la importancia del aprendizaje para el desarrollo cerebral en las edades tempranas, podemos concluir que la música es una herramienta idónea para favorecer tanto el desarrollo neuronal de los más pequeños, como el desarrollo del pensamiento creativo. Es una actividad que se adapta perfectamente al nuevo paradigma educativo, al desarrollo competencial y a las nuevas metodologías activas.
Patricia Moreno Vidal
Educadora